Una vez me pasó —y seguro a ti también—: viernes por la noche, abro el refri y me encuentro una cebolla triste, un poco de arroz frío, medio limón seco, un trozo de pollo cocido y, milagrosamente, una ramita de perejil que todavía olía a algo parecido a esperanza. Esa noche, sin planearlo, cenamos delicioso. […]